jueves, 3 de junio de 2021

Memorias de Taenle. Memoria 03; relato sin título.


«Aún recuerdo la primera vez que la vi. Fue en una de mis primeras escapadas al bosque. Al principio me alteré, pues pensé que podría atacarme. Si llegaba a verme en necesidad de pedir ayuda y me pillaban fuera de palacio, me llevaría una buena regañina. Pero vino caminando parsimoniosa, con cautela, tan fría y a la vez tan cálida…

»Su melena, blanca como las nubes, ondeaba con la brisa, preciosa ella entera cual viento fluido. Hebras del mismo color adornaban su columna vertebral, originándose suaves justo desde el final de la cascada que nacía en su frente y caía en largos ríos entre sus ojos negros y más allá. Parecía recién aseada solo para mí, acicalada para nuestra primera cita. O quizás me sugestionó su exotismo y en aquel momento no fui consciente de las esencias y despojos con que el bosque impregnaba su piel.

»Se me acercó con curiosidad y temor. Únicamente quería probar uno de los dulces de miel que llevaba en el morral, y tonto de mí, temiendo que me atravesaría con su asta espirada. Ella inocente, pura e inmaculada, y yo un pobre desconfiado, sufrido e inexperto.

»Desde entonces, cada vez que voy al claro del arroyo, aguarda entre los árboles a mi presencia, fiel. No sé qué sería del resto de mí si un día llegase y no la viera. No quiero ni imaginar la vida sin ella. Jamás perderla. No queda nada en mí si no está; si no admiro su cabeza reposando en mi regazo. Príncipe, dicen que soy, pero no soy nada sin ella.»

Dorialor acariciaba con calma las crines del unicornio blanco sobre cuyo vientre estaba recostado, recordando el día en que se conocieron por un dulce de miel y sintiendo escalofríos con cada pensamiento amargo que pasaba por su cabeza.



Relato publicado por primera vez el 19 de Marzo de 2016 y reeditado el 29 de Abril de 2021.