jueves, 16 de diciembre de 2021

Memorias de Taenle. Memoria 10; relato sin título.


Llevaban unos quince minutos acampados. Muchos estaban sentados por el suelo y las rocas, algunos se habían alejado hacia la tupida selva en busca de intimidad y otros preparaban candelas, comida y algunos refugios para pasar la noche. El aire estaba húmedo y cargado y había varios hombres de mal humor, pues no conseguían encender las hogueras, así que Shanorsham decidió intentar amenizar un poco el ambiente para todos.

Eh, Raiky... —llamó el castaño de extraños ojos. Cuando captó la atención de su líder, le dedicó cinco rápidos pestañeos.

¡Me cago en tu puta madre, Shan, para con eso! —gritó aquél. Inmediatamente su túnica azul cambió de color en un estallido naranja, reproduciendo los colores de un fuego crepitando.

El insulto del aldiora fue seguido por carcajadas, el hipnotista consiguió lo que quería. Sin embargo la maga que les acompañaba no llegó a ver el gesto y no entendía por qué el de la trenza negra se había enervado.

¿Por qué se enfada tanto? No le has hecho nada —preguntó a quien hizo la broma.

¿No sabes lo de pestañear? —le respondió el otro. Ella negó— A ver... hay sitios en los que pestañear así rápido significa que quieres intimar con la persona a la que le envías el mensaje —hizo una pausa y evaluó a la dama para ver si lo comprendía, pero ésta le miraba seria, sin decir nada, esperando a que siguiese con la explicación—. Se irrita cuando se lo hace algún tío. Es una broma que tenemos entre nosotros —aclaró finalmente, viendo cómo aquel del que hablaban se alejaba del grupo mientras refunfuñaba y daba patadas a las ramas que le entorpecían el movimiento.

La rubia se encogió de hombros. Acabó dejando pasar el tema y buscando acomodarse lejos del grupo, pero Waseth se levantó de donde estaba y dio una carrerita para alcanzarla.

Te acabarás acostumbrando. ¿Sabes? Yo también era como tú. Vengo de una familia seria y estricta, pero estar con ellos es divertido —le aseguró. Se sentaron entre los helechos, ella apoyándose en una roca, él con las piernas cruzadas, inclinándose y reposando los codos sobre las rodillas—. No está enfadado de verdad, sólo nos sigue el juego.

¿Cuál juego? Si se ha marchado...

El que ha perdido. Quiero decir... da igual, solo son bromas.

Entonces, ¿si pestañeo y me ve, se creerá que estoy dispuesta a ir al lecho con él?

Así es. Le da asco que se lo hagan nuestros primos. Le viene a la cabeza la escena y no le gusta.

Ya veo. Imagino que si lo hace una mujer, le dará igual.

Pues creo que sí —el bajito frunció el ceño mirando al suelo y llevándose una mano a la barbilla, pensativo.

Trataré de no pestañear mucho teniéndole cerca —aseguró ella.

¿Aún no te ha tirado la cuerda?

¿Eh?

Que si aún no ha intentado seducirte.

¡Ah! No.

Pues qué raro... Hay algunos que incluso piensan que tenéis algo estrecho, porque nunca se separa de ti —apartó un codo de la rodilla, muy atento a Keenna de repente.

¿Qué dices? Es porque es un controlador.

Machista —corrigió el moreno.

No es machista, es controlador —insistió ella.

¿Controlador?

Así es. Imagina por un momento que le gustan los hombres en lugar de las mujeres —propuso la de la túnica negra.

Es difícil...

Lo sé, pero hazlo.

Mmm... vale. ¿Y ahora qué?

¿Cómo se comporta con ellos en tu imaginación? —sonreía arcaica, viendo cómo a él le cambiaba la expresión a una de asombro.

Vaya... —recapacitó sin llegar a decir, pues era obvio, que se comportaría exactamente igual con un varón que con una mujer.

¿Ves?

Es increíble. ¿Cómo puedes conocerle mejor que yo? Es mi hermano... —Waseth ahora mostraba fascinación y cierta irritación.

No le conozco, soy observadora.

Pero nosotros también lo somos.

Lo sé. Ahora mismo estamos siendo vigilados —miró de reojo a su interlocutor.

¿Qué? ¿Quién? —él buscó a su alrededor sin disimulo, ansioso por ver quién les espiaba.

Raiky, Henda y Kerdarok. No les vas a ver.

¿Cómo ellos tres? —esa vez estaba muy extrañado al escuchar el último de aquellos nombres. Volvió a centrarse en ella.

Kerdarok busca una oportunidad, el momento en que me quede sola para venir a intimidarme. Raiky ya sabes que no se fía de mí, pero tampoco de que tus familiares traten de dañarme. Henda procura cuidar que no haya altercados. A veces he visto también a Shanorsham, pero él lo hace cuando Henda está más ocupado —detalló la rubia, reclinándose sobre la piedra y apoyando la cabeza de forma relajada.

¡Guau! Te fijas mejor que yo y que muchos de nosotros —de nuevo los ojos azules del pequeño aldiora admiraban a la otra. Se quedó unos instantes pensativo, embobado con el cuello femenino, hasta que de repente quiso ser él quien captase su interés—: De Shanorsham no me sorprende, ¿sabes? Le gustas —dijo presumidamente, llevando la atención hacia el grupo para asegurarse de que no se enteraban de la conversación.

La mujer levantó de nuevo la cabeza de donde la tenía y giró la cara hacia su interlocutor sin decir nada, tan solo su rostro denotaba interrogación.

Ahá. No deja de hablar de ti cuando tú no estás o cuando cree que no le oyes —siguió chivando el más bajo—. Le entusiasmas.

Tú tampoco dejas de hablar de mí cuando crees que no te oigo —Keenna sonrió y alzó ambas cejas al decir aquello, que fue el final de la conversación, pues Waseth se había quedado callado. De repente se había puesto serio y muy rojo, y aquello divirtió a la maga. Ninguno de los dos dijo nada más acerca del tema y él ni si quiera fue capaz de volver a mirarla hasta rato después.



Relato publicado por primera vez el 03 de Noviembre de 2016 y reeditado el 03 de Agosto de 2021.