jueves, 1 de julio de 2021

Memorias de Taenle. Memoria 04; relato sin título.


No es nada fácil continuar con tu día a día si tienes que dejar atrás a la persona con la que quieres pasar el resto de tu vida, esa que sabes que es la más ideal para ti, esa que lo tiene todo. Alguien que complementaba mi soledad de la forma más perfecta, que me permitía estar conmigo misma aún con su compañía. Ojalá algún día nuestros caminos se crucen de nuevo, ojalá pudiera volver a disfrutar de esos ratos de lectura sola, pero con él, recostados el uno sobre el otro. Los libros ahora me parecen vacíos. Le echo tanto de menos…

Cuando Dorialor llegó al lecho del arroyo, vio que aquella semihumana estaba allí otra vez. Había tomado la costumbre de pasar las tardes en el mismo lugar que él y no le gustaba en absoluto, pero quejarse o hacerla irse de allí podría delatar sus propias escapadas. El elfo agradecía que se mantuviera metida en sus cavilaciones y le dejase en paz, pero aquel era su rincón del bosque, su santuario de soledad, y su presencia le inquietaba, hacía que no fuera lo mismo. Más aún le alteró aquella tarde; la mujer habló y a él se le erizó el vello de todo el cuerpo por la crispación.

jueves, 3 de junio de 2021

Memorias de Taenle. Memoria 03; relato sin título.


«Aún recuerdo la primera vez que la vi. Fue en una de mis primeras escapadas al bosque. Al principio me alteré, pues pensé que podría atacarme. Si llegaba a verme en necesidad de pedir ayuda y me pillaban fuera de palacio, me llevaría una buena regañina. Pero vino caminando parsimoniosa, con cautela, tan fría y a la vez tan cálida…

jueves, 6 de mayo de 2021

Memorias de Taenle. Memoria 02; familia Eiríkr, baño en el lago.


No era más que un día cualquiera, pero se trataba de otro de tantos que aquellos gigantes disfrutaban en familia. Hacía mucho que los ygibar se habían reducido en número, convirtiéndose en nada comparando con la grandeza que habían llegado a alcanzar antes de la llegada de los zuuk. Aún así, los Eirikr vivían en paz en aquella granjita en las altas llanuras, lejos de toda posibilidad de ataque por parte de hymin, ymir, kratheron o incluso ilvas y celares.

jueves, 8 de abril de 2021

Memorias de Taenle. Memoria 01; relato sin título.


Ya aquel olor le resultó extraño cuando entró a su alcoba tras el largo día de trabajo en el huerto. El niño dio un grito al ver a su ratón de campo con el cuerpo pegado al suelo de la jaula y los ojos hundidos. Cogió el pequeño cuerpo inerte y salió corriendo. Lloraba mientras buscaba a su madre.

¡Mamá, mira! —dijo enseñándole al animal muerto.

jueves, 11 de marzo de 2021

Cuentos de Taenle. Cuento 01; relato sin título.


El caballero Mirigotlan había llegado esa misma mañana al pueblo de Coedan. Pasaría allí unos días para dar un descanso a su corcel y de paso esperar a dos de sus compañeros, más tarde irían los tres juntos a la ciudad para reunirse con los otros dos del grupo, tras lo que buscarían también a una poderosa señora a la que escoltarían en un largo viaje.

Ya desde que llegó al lugar vio que había mucha gente, quizás demasiada, tumbada por los suelos de las calles, y la mayoría se arrastraron hacia él con las manos palma arriba y gemidos lastimeros. El montado no soportaba que manosearan a su caballo. Jamás entendió el por qué, pero detestaba que la gente de acercase a su montura. Él mismo se encargaba siempre de ensillarlo, cepillarlo y bañarlo. Verse en aquella situación era algo que lo enervaba. La única solución era lo que hizo; sacar un puñado de monedas de una de sus bolsas y lanzarlas al suelo, lejos de él. Repentinamente todos los indigentes recuperaron esa fuerza que parecían no tener en el cuerpo, lanzándose a la desesperada a por el dinero como leones sobre una pobre gacela enferma. El jinete espoleó al animal aprovechando que habían abierto camino y éste comenzó un ligero trote que fue suficiente para salir del incómodo tumulto.

miércoles, 13 de enero de 2021

Crónicas de Taenle. Crónica universal 01; arco zuuk.


Los rimtaka iban en cabeza, guiando a los últimos remanentes del clan; cuatro varones y tres mujeres. Cada uno iba además acompañado por varios de los veintiún dracos que ellos llamaban wunuedrakanda. El monzón y la frondosidad de la selva no nublaban el deseo de Vigungrah y los suyos de volver a casa, pero tampoco doblegaban la fuerte voluntad del enorme zuuk de tonalidad avellana por alejarse del mismo. Todos llevaban el pelo empapado. Las gotas, casi tan pesadas como los pasos de la mermada tribu, golpeaban enfurecidas sus toscas carnes y los cueros raídos que les cubrían partes íntimas, cabeza y hombros, dejando sonidos de diminutos estallidos.

Ninguno de aquellos fugitivos tenía la menor idea de cuántas noches llevaban huyendo. No eran seres que contasen el paso del tiempo, pero incluso aunque tuvieran tal costumbre, probablemente habrían perdido la cuenta semanas atrás. Nada les detenía, el hambre no les ralentizaba, la lluvia no les estorbaba e incluso los ríos solo sirvieron para embravecer al líder, que les obligó a seguir caminando bajo la superficie de éstos tanto tiempo como aguantaban sus desarrollados pulmones. Lo único que paró su migración fue el niño, de su misma especie pero diferente raza, que encontraron abruptamente en el suelo, sentado pacíficamente entre varios sacos hechos de hebras de palma.