No es nada fácil continuar con tu día a día si tienes que dejar atrás a la persona con la que quieres pasar el resto de tu vida, esa que sabes que es la más ideal para ti, esa que lo tiene todo. Alguien que complementaba mi soledad de la forma más perfecta, que me permitía estar conmigo misma aún con su compañía. Ojalá algún día nuestros caminos se crucen de nuevo, ojalá pudiera volver a disfrutar de esos ratos de lectura sola, pero con él, recostados el uno sobre el otro. Los libros ahora me parecen vacíos. Le echo tanto de menos…
Cuando Dorialor llegó al lecho del arroyo, vio que aquella semihumana estaba allí otra vez. Había tomado la costumbre de pasar las tardes en el mismo lugar que él y no le gustaba en absoluto, pero quejarse o hacerla irse de allí podría delatar sus propias escapadas. El elfo agradecía que se mantuviera metida en sus cavilaciones y le dejase en paz, pero aquel era su rincón del bosque, su santuario de soledad, y su presencia le inquietaba, hacía que no fuera lo mismo. Más aún le alteró aquella tarde; la mujer habló y a él se le erizó el vello de todo el cuerpo por la crispación.