Llevaban unos quince minutos acampados. Muchos estaban sentados por el suelo y las rocas, algunos se habían alejado hacia la tupida selva en busca de intimidad y otros preparaban candelas, comida y algunos refugios para pasar la noche. El aire estaba húmedo y cargado y había varios hombres de mal humor, pues no conseguían encender las hogueras, así que Shanorsham decidió intentar amenizar un poco el ambiente para todos.
—Eh, Raiky... —llamó el castaño de extraños ojos. Cuando captó la atención de su líder, le dedicó cinco rápidos pestañeos.
—¡Me cago en tu puta madre, Shan, para con eso! —gritó aquél. Inmediatamente su túnica azul cambió de color en un estallido naranja, reproduciendo los colores de un fuego crepitando.